6 preguntas sobre cómo prevenir infartos

01.08.2014
6 preguntas sobre cómo prevenir infartos

Es posible tener un infarto sin sufrir síntomas o que se los detecte tardíamente?

–Más del 50 por ciento de los infartos no tiene síntomas de alarma, fundamentalmente en adultos jóvenes. También ocurre que los síntomas que pueden presentarse suelen confundirse con problemas digestivos o musculares, o que sean considerados triviales y se espera que pasen. Según la arteria obstruida, la presentación clínica de los infartos puede ser con dolores abdominales o en la zona del pecho que corresponde al corazón y que luego se diagnostica con electrocardiograma que fue un infarto, hasta aquellos infartos que comprometen la vida o, peor aún, que causan muerte súbita.

–¿Qué estudios permiten determinar si las arterias están tapadas?

–El cardiólogo realiza un análisis clínico tomando en cuenta la edad del paciente y distintos factores de riesgo para la enfermedad coronaria y con esto se establecen los estudios funcionales que pueden poner en evidencia indirecta las obstrucciones coronarias. Esos estudios son la ergometría o ECG de esfuerzo, o exámenes más específicos como la perfusión miocárdica de esfuerzo con cámara gamma y el ecocardiograma de esfuerzo (eco-stress). Si estos estudios resultaran positivos, es necesario conocer la anatomía coronaria con cateterismo o cinecoronariografía o una tomografía multicortes. Permiten identificar en forma directa si existen obstrucciones, el número y grado de severidad, el área amenazada, si existe deterioro o no del músculo cardíaco, etcétera, datos que ayudan a definir conductas terapéuticas y el pronóstico.

–Además de los hábitos, ¿las enfermedades cardíacas responden a factores hereditarios?

–En la enfermedad aterosclerótica de las arterias del corazón, todos los factores de riesgo son muy importantes. Existen aquellos que no se pueden modificar, como la edad, el sexo (predominancia de la enfermedad en el varón), la personalidad tipo A, la herencia con antecedentes floridos de infartos de sus antecesores, así como dislipidemias familiares (colesterol o triglicéridos). Los factores de riesgo modificables son tabaquismo, diabetes, obesidad, hipertensión arterial, sedentarismo y estrés. Toda persona que tiene factores no modificables tiene mayor riesgo de tener enfermedad coronaria si suma factores modificables.

–¿Hay momentos en los que se corre más riesgo de infarto, como ciertas épocas del año, momentos del día, situaciones, etcétera?

–Existe lo que se conoce como ciclos circadianos en la enfermedad coronaria o el infarto, con épocas del año de mayor presentación como el invierno o la primavera. Lo mismo para determinadas horas del día, como el amanecer o en la noche, aunque puede suceder en cualquier momento. También existen situaciones especiales que pueden predisponer al infarto: esfuerzos máximos, comidas copiosas o emociones fuertes (divorcios, pérdidas laborales, fallecimientos de seres queridos, etcétera).

–¿Cuáles son los estudios indispensables de control sobre el corazón para realizar actividad física?

–Los controles deben correlacionarse con la edad y con el tipo de actividad física que se pretende desarrollar, para evitar eventos coronarios. A manera de prevención, en los niños y personas jóvenes con actividades competitivas, es recomendable hacer ante todo un examen médico con un cardiólogo, quien solicitará, seguramente, un electrocardiograma basal y de esfuerzo, y una ecografía para conocer su anatomía cardíaca. En poblaciones de riesgo, como personas adultas mayores de 40 años, con antecedentes familiares y personales positivos para enfermedad coronaria, es recomendable realizar estudios de perfusión con cámara gama o el ecocardiograma de esfuerzo.

–¿Qué hacer para tener un corazón saludable?

–Las siguientes acciones:

Mantener un peso corporal acorde con la superficie corporal (edad-estatura).

No ingerir comidas abundantes, evitar grasas saturadas, azúcares, sal y alcohol en forma desmedida.

Comer verduras, frutas y pescado por lo menos tres veces por semana.

Hidratarse adecuadamente, fundamentalmente en épocas de calor.

Hacer caminatas y/o ejercicios no competitivos de manera frecuente durante la semana.

Evitar esfuerzos máximos y, en lo posible, situaciones emocionales que desencadenen mucho estrés.

Descansar las horas necesarias en la noche.

No fumar.

Realizarse controles periódicos con el cardiólogo o médico de cabecera para hacer los exámenes clínicos y estudios 
complementarios que sean 
necesarios.